¿Qué cosa? 9 mil kilometros?! Pues si… Ni nosotros lo podíamos creer. Teníamos las nalgas planas (nos hizo falta un lápiz al llegar a Santiago) pero la mente expandida.
Hace exactamente un año salimos de Guatemala. Entre temblores y trámites, entre llantas pinchadas y carburadores viejos, entre la nostalgia del ‘dejar-atrás’ y la emoción del viaje que ya empezaba, pudimos salir del país de la eterna primavera y empezar nuestra travesía hacia tierras desconocidas.
Los sueños los íbamos pariendo dentro de nuestra camioneta. Nuestro dinero se evaporaba en cada taller de mecánico y gasolinera. Nuestros títeres impacientaban por salir a actuar y dejar de respirar gasolina. Nuestra estufita se alegraba en cada parada porque sabía lo útil que nos era. Nuestro colchón que daba a la puerta del motor, reprochaba cada vez que lo teníamos que desarmar para arreglar la maquinaria de la Kombi. La refrigeradora resultaba debil para soportar el calor húmedo y permanente de Centroamérica y Colombia. En cambio, nuestro ventilador donado por nuestra amiga Belkis en Nicaragua, nos hizo las noches placenteras cuando podrían ser infernales por el calor. Y nosotros, con unas libras o kilos menos, nos volvimos …¡mejores mecánicos!
Hoy, un año después, desde nuestro hogar temporal en Santiago, recordamos los buenos tiempos pasados y anhelamos la continuación de la aventura. El episodio 2 de la travesía tendrá que esperar hasta marzo 2016, cuando nuestra estadía en Santiago concluya. Por el momento, los títeres continúan nuestro proyecto aquí en Chile.

La kombi estacionada fuera de la casa de Belkis que nos dió posada por muchos días en su casa en Managua, Nicaragua
No hemos olvidado ninguno de los amigos que dejamos atrás, ninguna curva de las carreteras latinoamericanas y, por supuesto, no hemos olvidado para nada a nuestro hogar con ruedas: la kombi. Es más, hoy, un año después, decidimos por fin darle un nombre.
Todo nuestro trabajo, sueños e ideas, se concebían en el vientre cómodo de nuestra camioneta. Llegando a Chile e intentando entender el peculiar español chileno, nos dimos cuenta que aquí llaman a la panza o al vientre “guata”. Con gracia se referían a Guatemala como “guata mala”. Pues entre Guatemala que fue el país de partida y la guata que parió nuestros sueños, decidimos bautizar a la kombi “La Guata.”
En el balance de las cuentas, La Guata nos permitió realizar más de

Municipalidad de La Florida, Santiago de Chile.
Foto de turistas en el Lago Llanquihue con vista al volcán nevado Osorno. Chile.
40 presentaciones que las disfrutaron más de 4000 niñas, niños y adultos, recorrer miles de kilómetros en caminos de tierra, caminos con hoyos, caminos con peajes, túmulos, aduanas y por supuesto mecánicos.
Un año después, nos damos cuenta de los riesgos que implicó este viaje y de lo mucho que valió la pena tomarlos. Mientras llegue el momento de tomar otra vez la ruta, seguiremos en Chile aprendiendo, creando y compartiendo.


